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Empezar con el porteo rara vez es perfecto.
El porteo a veces no convence a la primera.
Y entonces, lo normal es pensar:
—Eso no es para mí.
—Seguro que no me apaño.
—No creo que lo use tanto.
Hasta que un día, casi sin darte cuenta, pasan cosas...
A continuación, te pongo los testimonios de tres clientas.
Son antiguos, pero me sirven para ilustrar algo que te quiero contar.
Aquí van:
“Otra vez la del porteo…” - Irene P.
«Llevo semanas recibiendo tus correos y cada vez que veía uno pensaba: “otra vez la del porteo”.
Pero aquí estoy. Lo he comprado. Me he rendido. No por agotamiento, sino porque en el fondo, todo lo que decías tenía sentido. Solo necesitaba tiempo para admitirlo.»
Esto me lo dijo una suscriptora llamada Irene.
“Qué tía, al final hará que me compre el porteo”- Carmen D.
«Después de unos días leyendo tus emails, al final he picado.
Me ha hecho mucha gracia el proceso por el que he pasado… al principio fue como “este correo no hará que compre un porteo”, luego fue un “es interesante lo que dice, pero creo que no conseguirá convencerme de comprarlo”, y finalmente ha sido un “qué tía, al final hará que me compre el porteo” jajaja. Me acaba de llegar a casa y me encanta, y te quería escribir para contártelo.»
Esto me lo dijo una clienta llamada Carmen.
“Lo acabo de comprar porque eres muy pesada…”- Silvia S.
«Va! Lo acabo de comprar porque eres muy pesada y pienso, joder… ¿y si luego es verdad que el fular es un antes y un después con el bebé y yo no lo he probado? Con la de veces que me ha dicho que no hay nada parecido... »
Esto otro pertenece a Silvia.
Es el poder de la repetición.
Porque repetir no solo es útil. Es poderoso.
Y hoy vengo a hablarte de la repetición, pero desde otro ángulo.
En porteo, como pasa en otras muchas cosas, olvídate de acertar a la primera.
Olvídate de la perfección, de ponértelo bien el primer día, de que tu bebé se quede dormido en cuanto te lo pongas.
Eso no es real (por improbable).
Lo real es probar, ajustar, fallar, y repetir.
Lo real es comprometerte con un gesto pequeño cada día.
No te impongas grandes metas. Ponte el fular aunque sea un minuto.
No te prometas amor eterno al porteo.
Solo quedaos juntos hoy, un ratito.
Repite.
Aunque no te quede bonito.
Aunque te suden las manos.
Aunque sientas que no sabes.
Ese es el camino.
Y si yo no dejo de repetírtelo es por esto.
Porque muchas mamás no lo descubren por falta de ganas, sino por falta de insistencia.
De la suya… y de la mía.
Yo ya me he acostumbrado a ser pesada.
Y no pienso dejar de serlo.
Hasta que un día abras un correo, y digas:
“Vale. Me lo compro. Porque esta tía no se calla.”
Y lo pruebes.
Y entiendas.
Aquí está. Este es el fular que menciono cada dos por tres (por algo será).
Mar
PD: Y sí. Este fular es el responsable de que tantas madres me escriban para darme la razón.
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